Inolvidable viaje en tren por el noreste de Myanmar

De camino al noreste de Myanmar con intención de hacer un trekking por la zona, me embarqué en el tren que recorre la línea entre las ciudades de Mandalay y Lashio. Según dicen, uno de los trayectos en tren más auténticos que existen, además de famoso por el paso a través del viaducto de Goteik, que en mi humilde opinión no es tan impactante como lo pintan.

Tras mi parada obligada para hacer noche en Pyin Ho Lwin, a la mañana siguiente caminé hasta la estación de tren de esta ciudad para comprar el billete de tren hasta Hsipaw. Por delante, aguardaban 7 horas de viaje por el módico precio de 3 dólares americanos en clase ordinaria.

La espera en la estación era la antesala al viaje tan auténtico que me esperaba a bordo de ese tren. Personas cargadas con fardos para subirlos al tren, señoras vendiendo deliciosa comida por apenas 0,50€ y niños, motos y animales cruzando las vías del tren como si de una gran avenida se tratara.

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Llega el tren y te acomodas en tu vagón de clase ordinaria, con sus bancos de madera de apariencia no muy cómoda esperándote para estar 7 horas sentado en ellos. La ventana bien subida para contemplar el paisaje aunque por ella entren ramas, hojas y todo lo que vaya cortando el tren por el camino. En este caso, la gente no te mira tan perpleja como en los buses locales, este trayecto es muy habitual para los turistas que deciden ir a esta parte de Myanmar aunque en esta ocasión solo estábamos 4 turistas.

Tren Myanmar Tren Myanmar

La locomotora avanza con un ritmo constante, camino hacia las montañas del noreste de Myanmar, aflojando el ritmo cada poco para hacer su parada en los pueblos del camino, los cuales hacen su vida entorno a la estación de tren: desde puestos de comida, mercancías esperando a ser transportadas, “mototaxistas” aguardando a posibles clientes hasta una peluquería- barbería improvisada bajo un árbol.

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El traqueteo de los vagones de un lado para otro hace pensar,por momentos, que va a descarrilar; y aunque ya se empieza a notar la incomodidad del asiento, a algunos como este monje no parece importarle mucho ya que se pasó casi todo el viaje dormido.

monje durmienteTren Myanmar

Lo que sin duda más recordaré de este viaje por Myanmar son las personas. Y en este viaje en tren no iba a ser menos. Acostumbrado ya a que todo el mundo te salude como si estuvieras paseando por tu pueblo y tuvieras la obligación de ello, no pude dejar de sorprenderme cuando ingresé en el vagón de al lado y en plena timba de cartas me invitaran a participar como uno más. Obviamente no participé ya que después de estar 20 minutos mirando no conseguí entender el juego, además que tampoco estaba por la labor de que me desplumaran.

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Seguramente no se conocían de nada, pero parecían amigos de toda la vida jugando a las cartas con dinero de por medio. Esa sensación la he tenido cuando he coincidido con locales o mismamente con Michael, el guía de Hsipaw. Cuando un birmano, por ejemplo, pide en un restaurante o le habla al conductor del autobús, personas a las que no conoce de nada, lo hacen de forma tan alegre y amistosa que me provocó cierta envidia y recelo de la frialdad europea en esas mismas situaciones.

Si me hubiera puesto a jugar a las cartas probablemente habría perdido bastante dinero, pero si ya solo viéndoles me ofrecían su sitio para sentarme, incluso comida y trataban de hablarme; como compañero de timba ya hubiera aumentado mi lista de amigos en el país. PROXIMAMENTE VIDEO 

La mayoría de los turistas hace este trayecto por el paso del viaducto de Goteik. A mi no me pareció nada del otro mundo, quizás eclipsado por otro episodio más de esta relación amorosa con Myanmar.

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